¿Qué es un cetáceo?

CETÁCEO es un término que agrupa a los animales que comúnmente conocemos como ballenas, delfines y marsopas. La palabra cetáceo proviene del griego "ketus", que significa "monstruo marino". También se puede decir que tiene la raíz latina "cetus", que significa "gran animal marino". Sin duda alguna esta acepción es más apropiada hoy en día.
En la actualidad hay censadas 86 especies a lo largo de todo el mundo, pero no es un catálogo cerrado, ya que se cree que todavía hay especies por descubrir.
Existe gran diversidad entre las especies, no sólo en cuanto a formas y tamaños, sino también en conducta, hábitat, etc... Podemos encontrarlos en todos los mares de nuestro planeta, incluso hay especies que viven en los ríos.
Este grupo abarca desde el animal más grande que existe en nuestro planeta, la ballena azul, de más de 30 metros de longitud; hasta las pequeñas marsopas de poco más de un metro.
Los cetáceos son mamíferos, y como todos los demás representantes de esa clase, respiran aire por los pulmones; son de sangre caliente (más precisamente son endotérmicos), amamantan a sus crías y tienen pelo (aunque muy vestigial). Además son los mejor adpatados al medio acuático, ya que no tienen que salir nunca del agua (ni para aparearse o alimentar a sus crías, como hacen las focas o las nutrias). Pueden hacer inmersiones en apnea de larga duración y profundidad, teniendo el récord en ese sentido el cachalote, con 90 minutos y 3.000 metros.
Evolución de los cetáceos

Mesonyx - 50 millones de años
Este animal con aspecto de lobo, se considera el primer antepasado de los cetáceos.
Se cree que empezó alimentándose de peces, viviendo cada vez más cerca del agua para alejarse de los posibles depredadores.

Pakicetus - 49 millones de años
Parecido a una nutria, la adaptación al medio acuático se hace más evidente. Ha transformado sus pezuñas en unas pseudoaletas y la cola

Protocetus -45 millones de años
Se considera el primer cetáceo verdadero. Es posible que tuviera extremidades posteriores externas, pero no serían funcionales. Tenía el cráneo alargado y estrecho, con dientes en ambas mandíbulas. El pelo lo ha ido perdiendo al tiempo que su cuerpo se ha hecho más hidrodinámico.

Durodontino - 40 millones de años
Con unos 5 metros de longitud y un cuerpo de aspecto hidrodinámico, se parecían a los actuales delfines.
Los orificios nasales ya se habían desplazado hacia atrás, en la parte superior del cráneo.
Debían ya alimentarse de peces y calamares.

Mammalodon - 24 millones de años
Se supone que tenía ya algo parecido a las barbas de los actuales misticetos entre sus grandes dientes.
Su cuerpo era ya totalmente hidrodinámico, con aletas pectorales bien desarrolladas, y sin rastro de extremidades posteriores.
Se cree que los actuales cetáceos datan de hace 15 millones de años.
Anatomía

Las principales adaptaciones de los cetáceos al medio marino son las siguientes:
- Un cuerpo aerodinámico (mejor dicho, hidrodinámico), que les permite desplazarse por el agua con poco rozamiento. Una aleta dorsal potente para impulsarse, y unas aletas pectorales y dorsales, fuertes y eficaces, para maniobrar ágilmente.
- Una capa de grasa aislante bastante gruesa que les ayuda a mantener una temperatura corporal constante.
- El espiráculo o aventador situado en la parte superior de la cabeza para respirar. (Único en los odontocetos y doble en los misticetos)
En cada respiración renuevan el 80-90 % del aire, frente al 10-20% de los mamíferos terrestres.
Tienen una cierta resistencia a acumular dióxido de carbono en los tejidos, que es lo que provoca la respuesta respiratoria involuntaria en los humanos. Se supone que la respiración de los cetáceos es voluntaria, incluso cuando duermen.
El problema de la narcosis (acumulación de nitrógeno en los tejidos al aumentar la presión) no lo sufren ni siquiera los cachalotes con sus profundas y rápidas inmersiones. Los mecanismos que emplean para evitarlo son: poco aire en los pulmones, pasar el aire de los pulmones a la traquea a mucha profundidad y transmisión rápida del nitrógeno a la sangre, reduciéndolo por tanto de los músculos.
Mamíferos vs. peces

Los cetáceos son mamíferos marinos, que poseen unos rasgos de identidad que nos ayudan a diferenciarlos de otras especies:
Tienen las características de todos los mamíferos:
- Su sangre es caliente, que les permite mantener una temperatura corporal constante de 37 ºC.
- Son vivíparos, paren a sus crías vivas.
- Alimentan a sus crías con leche.
- Respiran oxígeno del aire a través de los pulmones.
Mucha gente piensa erróneamente que las ballenas y delfines son peces, sólo por el mero hecho de que son animales que viven en mar. Evidentemente tienen similitudes, como el hecho de que se desplazan gracias a sus aletas, su cuerpo es hidrodinámico y se alimentan de otros animales marinos. Las diferencias entre ambos son notables. Los peces, tienen sangre fría, toman el oxígeno del agua a través de las branquias, y la mayoría de ellos son ovíparos.
Existen especies con nombres que ayudan a esta confusión, como el Tiburón Ballena, que siendo un pez (todos los tiburones lo son) ha tomado el apellido de "ballena" sólo por su gran longitud, más de 10 metros.
En el medio natural podemos diferenciar un tiburón de un delfín observando el movimiento de la aleta caudal. Los peces, mueven su cola de un lado a otro para desplazarse, mientras que los cetáceos lo hacen de arriba hacia abajo.
Clasificación
Por su tamaño
Como la existencia de distintas especies de cetáceos se conoce desde hace mucho tiempo, se han hecho distintos tipos de clasificaciones a lo largo de la historia, conforme progresaba el conocimiento científico. La clasificación tradicional se hizo por el tamaño. De este modo se formaban 3 grupos:Ballenas
Los más grandes, a partir de 4 metros de longitud.
Delfines
Los medianos: entre 2 y 4 metros de longitud.
Marsopas
Los más pequeños: menos de 2 metros de longitud.
Este sistema está basado en la observación de campo, por lo que no es la más correcta, aunque podamos encontrar multitud de libros que se presentan de esta forma.
La clasificación científica
Aunque en un principio Aristólteles ya catalogó a los cetáceos como mamíferos, hasta el siglo XVII se les consideró como peces, y fue el naturalista sueco Linneo, creador de la taxonomía moderna, quien volvió a clasificarlos como mamíferos.
El orden de los cetáceos agrupa a 84 especies (más o menos, según las distintas fuentes) y se divide en 2 subórdenes: Misticetos, con 11 especies, y Odontocetos, con 75 especies.
Clasificación canaria
En nuestras islas se adoptó una terminología propia de los pescadores para referirse a los cetáceos más comunes. De esta forma, a los caledrones tropicales se les denomina "roaces negros" (roaz en singular) y a los delfines mulares "toninas". A los grupos de muchos delfines que van navegando se les denomina "golferas", sin especificar ningún dato para distinguir especies.
Aunque menos común, a los zifios se les denomina "roaces amarillos".
Misticetos
Existen en la actualidad 11 especies, que se clasifican de forma científica de la siguiente manera:

En sentido estricto, el término ballena se reserva a los integrantes de la familia balénidos; para el resto se utiliza el término rorcual.
Otra característica asociada a las ballenas es su gran tamaño. La ballena azul es el animal más grande que jamás ha vivido en la Tierra: alcanza una longitud de 24 a 27 metros y pesa de 130 a 150 toneladas, aunque se ha llegado a constatar un ejemplar hembra de 33 metros y otra de 190 toneladas.

A parte del tamaño, se distinguen de los odontocetos por poseer dos agujeros en vez de uno en el espiráculo, y que no hacen uso de la ecolocalización para conseguir su alimento. También se da la circunstancia de que las hembras son de mayor tamaño que los machos, al contrario que en los odontocetos, debido a las necesidad de alimentar rápidamente a sus crías para prepararlas para la migración. (Debe poder suministrar entre 60 y 100 litros de leche diarios a su cría).
Odontocetos

Existen especies como los zifios en que sólo tienen dientes los machos, mientras que las hembras carecen de ellos. La función de los dientes en los odontocetos es distinta que en los seres humanos, ya que sólo los emplean para capturar a sus víctimas, no para masticarlas, ya que las engullen enteras.

De forma se asocia el nombre de ballena a otros mamíferos marinos perteneciente al grupo de los delfines (cetáceos con dientes) por el gran tamaño que presentan. Los colegas de habla inglesa dan el nombre común de ballena a los cetáceos que miden más de cuatro metros de longitud sin distinguir entre delfines y ballenas. Esto genera confusiones al hacer la traducción literal al español de los nombres en inglés de algunas especies.
Los sentidos

Los cetáceos, como mamíferos que necesitan respirar, tienen que tener una visión adaptada tanto para el medio acuático como para el medio aéreo. Esto se debe a unos músculos oculares potentes, que adaptan el cristalino según las circunstancias.
Los ojos son pequeños en comparación con el cuerpo, y están situados a ambos lados de la cabeza, tras la comisura de los labios. Poseen unas glándulas especiales que segregan una sustancia para protegerse de la sal.
Los párpados regulan la intensidad luminosa, permaneciendo cerrados cuando el animal duerme. A gran profundidad, donde hay poca luz, la pupila se dilata, contrayéndose hasta parecer una simple rendija cuando sale a la superficie. Tanto en superficie como dentro del agua, cuando observa un objeto se mueven de lado para tener un mayor campo de visión. Se cree que algunos odontocetos pueden "ver" la luz química que emiten algunas de sus presas a grandes profundidades.
El tacto
Su piel es suave y se daña fácilmente, estando dotada de numerosas terminaciones nerviosas sensitivas. Gracias a ellas, puede detectar cuando el espiráculo está en superficie y respirar sin tragar agua. Estos animales tan sociables disfrutan mucho de las caricias de sus congéneres. Estos contactos se dan sobre todo en las relaciones madre-hijo, en los juegos y por supuesto en el apareamiento. Los cetáceos en cautividad se han acostumbrado al contacto con el hombre y por eso se dejan acariciar por él.
En la naturaleza, salvo contadas excepciones, no conviene tocar a los animales salvajes, ya que no sabemos cómo van a reaccionar.
El oído

Los cetáceos tienen oído, pero no oreja. Se sitúa detrás del ojo y posee un canal auditivo minúsculo, de tan sólo 2 mm. Es todavía un misterio como funciona realmente este órgano en los cetáceos.
Los misticetos tienen taponado con cera el oído externo, el cuál trasmite los sonidos al ser de la misma impedancia que el agua. Por eso se cree que no oyen en la superficie. En los odontocetos este canal auditivo está abierto, pero no llega a convencer a algunos investigadores de que realmente sirva para escuchar. Otra teoría sostiene que los odontocetos reciben el sonido a través de los huesos del cráneo (conducción ósea) o a través de zonas de grasa (conducción por tejidos) hasta el oído interno.
El olfato
El olfato, tan desarrollado en los mamíferos terrestres, ha perdido su razón de ser en los cetáceos, que cazan en el agua con la nariz cerrada (el espiráculo). La vista y la ecolocalización han ocupado su lugar.
El gusto
No se tienen datos de su funcionamiento en los misticetos, pero se sabe que los odontocetos lo tienen bastante desarrollado. En el agua se encuentran disueltas muchas sustancias que los delfines pueden distinguir -al estilo de los humanos- entre dulce, ácido, amargo y salado. Varias especies presentan en la lengua papilas gustativas que podrían realizar esta función.
También se cree que con el gusto podrían notar la presencia de alimento en las proximidades, o quizás de sangre de animales heridos.
La ecolocalización

Su funcionamiento es como el del sonar de un submarino. El delfín emite un sonido, que rebota en los objetos y se recibe de nuevo como un eco. De esta manera se calcula la distancia, posición y tamaño del objeto. Se piensa que la imagen que se forma en su cerebro es parecida a la que los humanos podemos ver en una ecografía.
Es utilizado ampliamente por los odontocetos, no así por los misticetos, y eso puede ser debido a su anatomía. Los primeros poseen unos complejos tejidos blandos en la frente, que producen los sonidos que son transmitidos a través del melón hacia el agua. Las frecuencias de los sonidos oscilan entre los 200 Hz. y los 300.000 Hz.
Este sistema es muy preciso, y les permite cazar en aguas turbias de los ríos o en aguas oscuras y profundas del océano, donde la visibilidad es prácticamente nula.

